Hola a todos, me llamo Koro y a medida que vayan pasando los días, os iré contando mi experiencia recorriendo el camino de Santiago para aquellos que tengan interés o dudas para poder realizarlo. Mi peregrinaje transcurrirá desde Roncesvalles hasta Santiago de Compostela, TIERRA DE CELTAS. Encantadora ciudad por su amabilidad hacia el peregrino. Sin más preámbulos, cojamos lo necesario y empecemos la aventura.

Episodio 1 :  RONCESVALLES – HUARTE (2009-10-9)

Los pirineos, denominados como “Los Montes Encendidos” por los griegos (Pyr-Eneos), son la primera variante del camino francés a Santiago de Compostela: el primer paso a superar en el largo peregrinaje jacobeo. De la misma manera que el puerto de Somport es la primera dificultad con que se encuentra el peregrino en el camino Aragonés, en Roncesvalles el peregrino ve la luz, el camino. Dicho esto paso a contaros mi gran experiencia como peregrina mitad celta mitad euskaldun.

Llegué a Roncesvalles junto con mi marido y después de comer nos despedimos. Iba a comenzar el camino desde mi interior con el afán de encontrarme a mí misma (que no es poco) y ordenar un poco mi vida. Tantos agobios en esta vida…

Primeramente, sellé la credencial del peregrino (el único documento que se necesita para recorrer el camino de Santiago). Me saludé con un valenciano llamado Néstor y quedamos para ir a la misa de la Colegiata. Más tarde me dispuse a dormir en el albergue, aunque no  pude dormir en casi toda la noche; aparte de que echaba de menos a mi familia, los ronquidos me mataban. El albergue era grande, hacia frío  y además era la primera vez que me separaba de mi familia, fue muy duro. Pero al final conseguí descansar algo.

A la mañana siguiente, conseguí levantarme con mucho esfuerzo. Me fui a desayunar junto con Néstor y una pareja de catalanes. Después de sacarnos unas fotos empezamos el camino; ellos me propusieron que fuera con ellos, pero yo quería hacer el camino a mi manera, como siempre tuve el concepto de que agobiaba, pues les dije que siguieran su camino, que ya nos llamaríamos.

Día de lluvia, bastante frío. Después de atravesar la carretera general se presentaron problemas por el desnivel del camino. Bajé por el asfalto para evitar las dificultades, aunque hubiese sido mejor descender por lo más bellos y naturales parajes de la etapa.

En Lintzoain había una niebla tremenda y caminando por el alto de Erro repleto de robles, abedules y pinares me encontré con uno de los arroyos del refugio natural. El camino llega al popular puente medieval denominado “Puente de la Rabia”. Allí me encontré con una lápida de un asiático: un peregrino que le habían hecho una ofrenda.

Me fui encontrando gente por todo el camino, todos con la palabra en la boca siempre dispuestos a decirla. Segí bajando, no cesaba de llover, calada hasta los huesos me tuve que parar y cambiarme de ropa.

El puerto de Erro se me hizo durísimo. Me iba encontrando japoneses, irlandeses, americanos… Me caí no sé cuántas veces, pues a veces me metía por senderos. Fue horrible, pero ahí iba yo con mi burrita (mi bici) que, por cierto, la bauticé Lola.

En Zubiri me perdí y me costó encontrar el camino. Después de tanto caminar llegué a Huarte y me puse a buscar albergue para dormir. Di una vuelta por el pueblo y a las siete me puse a cenar algo de pasta. Cansadísima, una buena ducha, y a reflexionar un poco sobre el día tan emocionante que tuve y en mi familia claro está, que es lo más importante. Tuve tanto tiempo para pensar que no me lo puedo ni imaginar. Al fin, me fui a descansar hasta el siguiente amanecer.