Camino de Santiago
Retomamos el camino
29 oct
Por circunstancias personales mi camino lo retomare en breve,no me olvide de vosotros,espero que sigáis mis etapas
Camino de Santiago, Episodio 5: VILLAFRANCA MONTES DE OCA- CARRIÓN
20 jul
Eran las 6.30h de la mañana y la verdad que todavía la gente seguía dormida. Yo empecé a poner la lavadora, esa cabeza que siempre está dando vueltas, pensando en los míos.
El amanecer era fresquito y me asomé a la ventana que la tenía en mi cabecera de la cama. Estaba el cielo completamente estrellado y observando, que me encanta ver las estrellas, siempre miro haber si pasa una estrella fugaz, aunque no os lo creáis pasó y tan admirada me quedé que no tuve tiempo a pensar qué pedir; sólo pensé en si llegaría a esa tierra celta tan maravillosa que me estaba esperando.
Empezó a despertarse la gente y Joseba me llamó para desayunar. Desayunamos juntos con los demás peregrinos, sacamos unas fotos y la palabra mágica “Buen camino”. Joseba, encantador como todos los Joseba que conozco, buena gente.
Con muchas agujetas preparé a Lola, le puse las alforjas y empezamos el camino. Paraje temido por los peregrinos medievales que sufrían desastrosos asaltos de bandidos y animales salvajes.
Los bosques de robles y la serenidad del ambiente fueron como una preparación interior para llegar a San Juan de Ortega. Qué bosques más bonitos, con pistas enormes de grandes toboganes con subidas y bajadas, llegando casi tan alto que estaban casi a mi misma altura los molinos de viento. Pensé “Madre mía dónde estamos Lola, quién iba a pensar tú y yo aquí”. Me paré a pensar y en una piedra marqué mi nombre “para el recuerdo” pensé, llegó mi melancolía. Creo que interiormente estaba sufriendo, ahora me doy cuenta de “todo”.
En San Juan de Ortega entré en la iglesia y me llené de tranquilidad. Un día de sol pero muy fresquito. Todo hay que decir que yo no iba de Assos y Lola no era una máquina; las dos dentro de nuestros niveles hacíamos lo que podíamos. Tomé a la salida un café calentito, mientras me iba calentando las manos con la taza.
Seguimos las dos hasta Agües. Seguí camino recordando mi infancia en la cual yo hacía el camino pero en coche con todos mis hermanos y mis aitas…
Llegué a Atapuerca. Hacía un sol radiante y empecé a quitarme algo de ropa. Me tomé un vinito con un pincho de tortilla que me sentó de muerte, la verdad que no sé si el cansancio o qué pero el vinito me subía de muerte. Ahí me saqué la foto que veis con el cebollón. Me paré en el museo: madre mía, había pantallas explicando el cambio y evolución del ser humano entre el vino y lo cansada que estaba, la verdad que no me enteraba de nada, sólo escuchaba la música.
Salí del museo y pensé “qué sitios más bonitos que tenemos y nos vamos a pegarnos los grandes viajes, cuando muy cerca y por poco tenemos grandes maravillas por conocer”. Creo que en la vida nos pasa con todo, buscamos cosas o situaciones, ciudades, espacios que realmente igual, los tenemos más cerca que lo que creemos. Que no hace falta irse a un hotel de 5 estrellas para ser feliz, con una mochila y siendo tú misma puedes llegar a ser la persona más llena del mundo. Ordenando tu interior que a veces no nos escuchamos a nosotros mismos.
Bueno, después de Atapuerca seguí camino todo cuesta abajo llegando a Burgos. La ciudad está muy bien indicada con las flechas y no hay problema de pérdida. Esta ciudad ya la conocía pues en mi infancia ya pasé un gran verano de colonias. INOLVIDABLE por supuesto.
Saqué fotos en la catedral mientras me venían imágenes de aquel verano tan divertido. Pasando Burgos villalbilla, trabajos, raba de las calzadas y aparecieron unos ciclistas. Se le rompió la cadena a uno de ellos. Les pregunté si necesitaban ayuda: yo no tenía ni idea pero como buena peregrina siempre a disposición del caminante o bicigrino que me encuentre por el camino. Me dijeron que no, segundos después me di cuenta de que uno de ellos les estaba indicando el camino a los otros dos y entonces pensé “Creo que
voy por buen camino”. Digo esto porque a veces seguía camino sin encontrar la flecha y posteriormente aparecía esa flecha maravillosa igual en una piedra o hito, era verla y creo que hasta se me cambiaba la expresión de la cara.
Algunos me miraban y yo creo que pensaban dónde va esta con esa bici; bueno como digo yo, lo que vale es el interior… Llegando a Hornillos del Camino, en el albergue dejé todo mi material y puse a descansar a Lola. Fui a los baños y me encontré que hay que compartir, madre mía. Pasé y en la otra ducha un chico. Yo como buena chica cierro los ojos y “Venga Koro para adelante”. Cuando me estoy duchando se me pone a hablar, que si de dónde eres, qué bonito el camino… Mientras me enjabono miro para abajo y veo que se refleja el suelo, pensé “¿Se le reflejará a él tambien?”. Él como si nada, seguía hablando y yo no paraba de reirme. No os podéis imaginar las maravillas que hice para que acabara él de conversar y saliera antes que yo… Pensé, “Esta es la brujilla de Koro.”
Son las 19.00h y me voy a cenar. Nos mezclaban peregrinos en la mesa y casualidad me di cuenta que por la voz era él, no aguantaba la risa. Terminando de cenar en el albergue llamé a Javi. Nada, parecía que ni me escuchaba todo lo que le contaba, creo que a él le entraba por untado y le salía por el otro. Mi hija Lorena sí, con dulzura como siempre. Susana y Joseba igual, siempre me decían que disfrutara. Aquella palabra me daba qué pensar, algo raro, muy raro… Pero yo seguía mi camino.
En el albergue conocí a Mª José, una chica de Madrid, encantadora y muy pero que muy educada. A algunos peregrinos se les ve que tienen algo, que no están vacíos y esta chica lo transmitía…. Charlamos y a descansar. Esa noche descansé fatal.
P. D.: que conste que no pinché, ni me lo creo la verdad, que Lola se porta muy bien.
Camino de Santiago, Episodio 4 : NAVARRETE – VILLAFRANCA MONTES DE OCA
2 jul
Eran las 8 de la mañana, me desperté con mi canción de todos los días, “Jueves” de “La Oreja de Van Gogh” y pido poder seguir teniendo fuerzas para seguir mi destino; en todo momento pensé “hasta donde llegue y me permitan mis fuerzas para seguir el buen camino”.
Navarrete estaba vacío, una mañana fabulosa me hacía ver las cosas de otra manera, tranquila, libre en soledad con Lola y desde mi quietud iba organizando mis pensamientos. No tener horarios, y no tener a nadie que organizar las cosas ni que te organicen se me hacía rarísimo. Era todo el tiempo para mí.
A Lola y a mí por el camino nos deparaba el alto de San Antón a 6 kilómetros hasta Nájera; todo es bajada con caminos de tierra arcillosa, que se complican con la lluvia, pegándose por todos los rincones de la bicicleta. Llegando a Nájera me encontré con Marta, una peregrina que estaba conmigo en Estella. Mientras manteníamos conversación sobre nuestras vidas llegamos a Nájera.
Nájera es una población ubicada al abrigo de unas paredes rocosas en el valle del río Yalde, donde aparecen las huellas del inmortal guerrero Roldán.
Tomamos unos cafés y nos juntamos con varios peregrinos. Una chica de Sevilla me hizo la preguntita, “¿Por qué haces el camino?”. Le contesté que hacía tres años que me lo estaba planteando y ahora creo que ha sido el momento. La muerte de mi padre sigo pensando que me ha marcado mucho. Hablamos de varias cosas: familia, trabajo y el tiempo que había pasado desde que se murió mi padre. Le conté lo de la tiroides.
Me preguntó: “Cuál ¿el derecho o el izquierdo?”. Le contesté: “¿Por qué?”. Me dijo que el izquierdo es cosa de tribu, o sea, de raíces. Mis raíces… me puse a pensar y salía mi aita después de una larga conversación. Nos dimos un abrazo, un apretón con mucha fuerza y me dijo “Cuídate, quiérete mucho.”. Y en ese momento me eché a llorar… Oh qué horror, no pude contener las lágrimas.
Apareció ese australiano que durmió conmigo en Estella, un hombre mayor, fuerte… le comenté que qué rápido había llegado a Nájera. Nos comentó que a veces cogía autobuses. ¡¡Qué tío!! Así es el camino. Cada uno lo hace como la vida misma. Nos despedimos y seguí el buen camino.
Los siguientes 15 kilómetros hasta Santo Domingo de la Calzada. Son un continuo tramo de cruces con pistas y parcelas bien indicadas, con flechas y señales de todo tipo. Madre mía, que expresión tenía. Eso parecía el oeste, sólo faltaban los indios, que también los hay.
Santo Domingo de la Calzada, gótica y renacentista. Gran localidad de ruta jacobea durante el siglo XI. Nada más dejar la villa medieval recorrí grandes andaremos, Belorado y pistas de tierra muy cómodas, me adentré en la iglesia de Tosantos y pedí unos cuantos deseos, entre ellos llegar a Santiago de Compostela: la tierra de mi aita. Ese celta compostelano.
Saliendo de la iglesia pasó un ciclista, le pregunté para ir a Villafranca Montes de Oca, me dijo que él iba, que si quería que le siguiera. Pero Lola y yo íbamos a nuestro ritmo. Ya sabía él lo que hacía, ya nos veríamos en el albergue seguro.
Sacando fotos por las pistas, subidas, bajadas, nadie me llamó, bueno es el camino. Sola, escuchando el ruido de los pájaros y el viento mientras pedaleaba a veces hablaba con Lola, incluso me reía, y pensaba “¿Estaré loca?”
Llegué a Montes de Oca justo antes del puerto de Pedraza, lugar bien pensado, bien meditado, para parar y retomar fuerzas para subir al alto de Pedraza. Allí hago mi parada. El albergue parecía grande. Me recibió una señora encantadora que me ayudó con las alforjas y con Lola. Me dijo que ya teníamos mérito por sólo ir cómo íbamos Lola y yo. No era la primera vez que nos lo decían.
Subiendo las escaleras me encontré al chico, ya cambiado y aseado. Nos presentamos: se llamaba Joseba, encantador y muy educado, me ayudó con las cosas y quedamos para cenar juntos. Me preparé y bajé con él a cenar. En la cena comentamos de nuestras vidas. Fue una cena muy cordial. Me comentó que qué valiente hacer el camino, que sólo pocas se atreven.
Eso me enorgullece más y me hace grande pues el camino te da mucha fuerza. Él era competitivo, yo peregrina. Pero ambos muy buenas personas. Son las diez después del café. Casi nos cierran el albergue nos vamos a descansar para el día siguiente.
La habitación del albergue era como una comuna. Todos en el mismo txoko con todos los aromas mezclados. Mi pituitaria ya se había acostumbrado a esas mezclas. Lista para descansar. Buenas noches a todos y para mañana un buen camino.
Camino de Santiago, Episodio 3 : ESTELLA – NAVARRETE
24 jun
Empieza la música a despertarme, la del móvil, “Jueves” es el título, de La Oreja de Van Gogh. La verdad es que nunca la termino de escuchar, porque me levanto con mucha ilusión de seguir adelante. Estaba hecha polvo, me dolía todo, y eso que hice un poco de trampa, me tomé a la noche una aspirina. Desayuné como una campeona, mientras Lola me esperaba fuera, ella sin trampas claro. Pero esta es la única trampa que hice os lo puedo asegurar, por que el camino para mí h a sido como mi vida, siempre por etapas.
Me despedí de todos. De esa parejita de Sabadell: ella era encantadora, me recordaba a una chica de Donostia, clienta de mi negocio, Enara, por su serenidad y su físico. Preparé a Lola, ya que con la noche tan estrellada que hizo estaba helada.
Salimos de Estella. Me acordaba cuando Javitxu estaba en la mili, yo con mi pequeñaja en mis entrañas, esa morenaza tan bonita… bueno, corramos un tupido velo que me pongo triste. Sigo por las calles de Estella hasta llegar a la fuente del vino, le pego un gran trago pero no conviene abusar del generoso presente pues todavía quedan muchos kilómetros de etapa. Subí un camino pedregoso y cortado por varias cancelas de ganado. Subía camino arriba siguiendo las flechas del buen camino.
A mi derecha la Sierra de Urbasa, más recuerdos, DIOS. Hacía una mañana fresquita, tenía los isquiones doloridos, pero en el camino solo pedía que me diera fuerzas. Por otro lado, el teléfono móvil. La verdad que a veces me preguntaba para qué había llevado el móvil, pocas llamadas recibía; que conste que a mi amatxo y mis hermanas no les comuniqué que me iba, pues seguro que me intentarían convencer para que no lo hiciese, o mejor dicho, para que lo hiciera más meditado, pero tenía que ser como yo quería. La familia de siempre me decía ¿Que vas a dónde? ¿Tú sola? Pues sí, con un par, yo sola con Lola. Muchas veces en mi vida estuve más sola que en el camino. Eso sí, lo que me dijeron me dio más fuerza, mucho más.
En Estella, por caminos a los arcos llamé a la ama, le dije que estaba sola haciendo el Camino de Santiago. Ella ni se lo creía, “bueno hija, si es lo que tu quieres, pues vale“. Hice una promesa. Lo que digo lo hago. Con lágrimas me despedí, segurísimo que ella también. TE QUIERO AMA.
Caminos de piedras. A veces me bajaba de Lola, pues la pobre quería que llegara sana y salva a Santiago, pero conmigo claro….
Nos paramos en una ermita las dos y me puse a comer unos frutos secos y algo de fruta. Serían las doce o así del mediodía, ya ni calculaba la hora, vivía el ahora y nada más.
Seguí el camino. Me encontré una cuadrilla de franceses, les debíamos de dar mucha pena, pues me ayudaron a mí y a Lola a subir, alucinaban de cómo íbamos las dos. Gente muy maja, el camino tiene algo que te da fuerza o igual eres tú, pero el camino esta ahí, sólo tienes que ser tú mismo, y él te da todas las respuestas a todas las preguntas que tú le hagas.
El itinerario discurre por amplios espacios y buenos caminos de la tierra hasta los Arcos, sale de la población junto al cementerio (que siempre fui miedosa y ahora no tengo miedos de nada) llegando a Sansol por una excelente pista agrícola.
Sansol pequeño y tranquilo a un par de km, de Torres del Río hasta Viana, por caminos de cepas, uvas y endrinas, me caí un montón de veces de lo cansada que estoy, aparte de que creo que Lola ya no podía conmigo. Nos tumbamos, empiezo a comer uvas, endrinas y acordándome de cosas, se me caían las lagrimas, me miro las manos y pensé como tendré la cara, pero da igual, ¿a que hemos venido? AL CAMINO…
Hacía un sol de muerte, atizaba que no veas, madre mía, me pasaron un montón de peregrinos y uno me dijo que por delante no podremos seguir, que era pedregoso, a Lola y a mí nos daba lo mismo, pues yo ya tenía ampollas como un peregrino, no como un bicigrino en el pompis. Seguimos como unos 10 km siguientes hasta Viana, una entretenida montaña de pequeños toboganes de senderos muy técnicos con subidas duras y descensos trialeros. Estos tramos son también difíciles para los caminantes y suelen producirse aglomeraciones; no quiero ni pensar como estará este año Xacobeo. Aquí es importante que por encima de todo se imponga el respeto entre unos y otros, el hermanamiento como compañeros del mismo destino y sentido común.
Logroño está muy cerca, llegué al pantano de las cañas y ví una parejita, la verdad que desde la quietud observo más y hay parejitas que me alucinan, el amor y cariño que desprenden entre sí. Les pedí que me sacasen una foto, como fueron interrumpidos se reían, pero yo tan salsera como siempre. Me preguntaron que de dónde venía, de Roncesvalles, y si el camino me lo permitía llegaría Santiago, con un poco de suerte, a no ser que tuviera una llamada urgente…
Llequé a Logroño. En las ciudades la verdad que cuesta encontrar las flechas. Logroño me pareció una ciudad que estuviera bien marcada. Llegué a un parque en el centro, ya no podía más serían las cuatro de la tarde. Me encontré un aficionado ciclista y le pregunté para ir a Nájera. Me quedaba lejos y él mismo me acompañó por las pistas de tierra y piedras, comentándome que mejor sería que llegara a Navarrete, mientras hablábamos de nuestras familias y vida en general, se entretenía con todo lo que veíamos por el camino, a veces hablaba con el pensamiento con Lola, ¿Qué querrá este?
Mientras por el camino, me llamó Javi; le comenté que seguía hasta Navarrete con un ciclista, no sé qué pensó, pero le noté raro. Me colgó casi. Seguí con este Indurain, de todo menos eso; se paraba a coger peras, manzanas, hasta que le dije “bueno, que Lola y yo estamos cansadas, y lo que queremos es descansar”. Miró cómo seguimos, qué cara puso, era de foto, me moría de la risa. No, si lo que no me pase a mí….
Llegamos a Navarrete. Allí estaba el albergue, nos despedimos, despedimos con la palabra “buen camino”, y “muchas gracias por todo”. Estaba hecha polvo; me dieron cama y bajé a descongestionar a Lola, que mañana teníamos que seguir el camino.
Después de haber limpiado la ropa, bajé a cenar. Una llamada, fría sin importancia por parte de él. Pregunté por la peque Lorena, esa adolescente SOS, charlé con ella y con mucha tristeza me despedí. Subí al albergue, seguí llorando, no os lo podéis ni imaginar lo duras que eran para mí las noches, echa polvo intentando descansar, mi cabeza parecía una lavadora. Os puedo asegurar que pocas veces sabía los km que hacía, pues iba como iba. Sé que él no lo estaba pasando bien, pero yo quería hacer el camino, sentirme libre y en soledad con Lola, pensar en mi vida. Nunca imaginé que pudiera hacer esto, no estaba en mis planes, sigo pensando que siempre hay un porqué.
Os la dedico… LO PROHIBIDO
Queda prohibido no buscar felicidad
No vivir con una actitud positiva
No pensar que podemos ser mejores
No sentir que sin ti este mundo no seria igual
No luchar por lo que quieres
BUEN CAMINO
P.D.: espero que me sigáis en mi próxima etapa. Lo siento, mi camino fue así; espero no agobiaros, como podéis comprobar hay poco tecnicismo.
Camino de Santiago, Episodio 2 : HUARTE – LORCA
15 jun
Episodio 2 : HUARTE – LORCA (2009-10-10)
Hoy me levanto bastante cansada, la verdad es que son las 6 de la mañana y después de haber dormido sola en el albergue de Huarte, la noche la pasé un poquito intranquila, como siempre en la cabeza mi familia. A la noche ya le había llamado a Javi, pues esa noche se me hizo dura, en un sitio desconocido, sola, pues ya me diréis. Él me dijo lo de siempre: “Pfff… Pues duérmete”.
Como bien os he dicho antes, empecé a recoger las cosas y con mi “Lola” (la bicicleta) bajé abajo y dejé las llaves como bien me dijo la chica. Allí no había música celestial. Allí era todo silencio: entre la paz interior que yo tenía y el silencio, se me venían todos los recuerdos de mi vida anteriores a empezar el camino. En la cafetería me puse las botas, comiendo claro, y para cuando salí eran las 8 de la mañana, pues de día con ese amanecer tan oscuro que tenía no se podía salir antes.
De Huarte bordeé el río con Lola. Era un sábado, la juventud venía de marcha, y yo – ni que fuera una vieja… – con la lluvia que hacía iba empapada, y helada de frío, llegaba a Burlada. De Burlada a Villalba y sin parar hasta Pamplona. En Pamplona me vinieron muchos recuerdos, muchos; pasé por la Estafeta y me acerqué a San Fermín, y sin el periódico en la mano le pedí la bendición, casi casi canté hasta la canción – sin toros por detrás claro -. ¡Qué recuerdos me traen los San Fermínes! Para mi pareja y para mí era una fiesta grande. Subí al castillo y me saqué unas cuantas fotos.
Empecé camino con un buen puerto, varios lugares de mucho interés y un tramo trialero. Cogí carretera a Astrain, donde el puerto de El Perdón parece muy cercano. Allí le pregunté a un chico para coger camino para El Perdón. Me dijo que el tiempo que tenía que mejor lo subiera por carretera. Le hice caso, seguí camino y me encontré con un hombre de barba blanca, no se me olvidará en la vida; le pregunté si iba por buen camino y me dijo que sí. Esa es la palabra que no olvidaré en la vida, jamás.
Como me vio que iba con Lola a cuestas me ayudó a empujarla y empezamos a conversar. Me sentí muy a gusto con él. Me contó varias historias de templarios y vírgenes que parecían reales. Le comenté: “¿Es Gallego?” Me dijo: “… ¿Por qué me lo preguntas? ¿Se me nota? Nunca los años que llevo aquí me lo han notado.” Después de hablar un buen tiempo le pregunté su nombre y la verdad que no me acuerdo muy bien, creo que era Gabriel. Yo le dije el mío y me contestó que nunca se le iba a olvidar. El viento nos daba en la cara, las manos se me iban quedando frías y el hombre me tapaba con su paraguas, por lo menos mantenía la cabeza seca. Seguimos el camino y le dije: “¿Me podría sacar una foto con usted? Es sólo para el recuerdo.”. “No.”, me contestó, “Le tendré siempre en mi recuerdo.”. Nos despedimos y nos dimos un par de besos, un fuerte y entrañable abrazo. Le comenté que había sido una compañía muy grata, y me contestó que para él se le hizo el camino más corto, entrañable y muy especial. Os puedo asegurar que no sé si es el subconsciente, pero se parecía mucho a mi padre muerto ya hacía 3 años y gallego también; qué fuerte, esto sólo lo puede entender un peregrino: el camino se hace mágico.
Seguí sola el camino con Lola llegando a Puente La Reina. ¡Qué recuerdos! Otra vez lágrimas y más lágrimas. Me pongo a pensar y el camino es mi vida por etapas, pero sola, aunque en el camino nunca estás solo.
Llovía a morir y estaba calada hasta los huesos. En Puente La Reina me dijeron que cogiese el camino viejo, madre mía, “ene”, aquello era un infierno o la subida al cielo viendo como es Lola y como soy yo físicamente dejábamos mucho de desear… Unas fotos en Puente La Reina con una familia y seguí cogiendo los senderos hacia Lorca.
Paró de llover, con un resol precioso. Por el camino me vinieron imágenes de mi familia, mis hijas, mi pareja, cuándo veníamos a pasar fines de semana en Puente La Reina y esta zona de Navarra. Antes de llegar a Lorca pasé por Maseru Cirauqui. Seguí todos los senderos por los que podía ir con Lola. A veces íbamos mucho a pie. Me cruzaba con peregrinos a pie, algunos en mountain bike.
Llegué a Lorca. Había una capilla muy bonita, allí tuve que empujar a Lola, no podíamos más. Cansadas, nos apoyamos en el puente, hice un piscolabis, conversamos unas palabras dándome el viento en la cara, se me agudiza la pituitaria y empiezo a coger olores del campo, orégano, hierba luisa, manzanilla,… ¡Cómo se nota que vengo de la gastronomía!.
Llegamos a las 6 de la tarde y en el primer albergue que vi ahí me metí. Había que pagar la voluntad y entrada, desayuno cena y la cama. Era todo muy familiar. Una pareja de Menorca él y ella de Sabadell, muy majos, el padre y la hija de Méjico, el australiano, Marta, que la conocí posterior en el camino, el de Málaga con la eslovaca, en total seríamos unos 11. Y Juan, un gallego sabio espiritual. Cenamos pasta y ensalada que preparó Daniel el voluntario del albergue. Cené con muy grata compañía; cada uno era diferente, y tenían motivos diferentes por el que hacían el Camino de Santiago. Después de tener una grata compañía e intercambiar palabras, nos empezamos a conocer un poco, todos nos preguntamos el porqué hacíamos el Camino de Santiago. Hicimos sorteo para fregar, por suerte a mí no me tocó, aunque luego ayudé. Nos fuimos a descansar. Nos despedimos con la palabra “buen descanso”.





